26 de octubre de 2011

Tío

Tuve un tío que murió antes de alcanzar la pubertad. Cierto día que quería saber un poco más de su vida, le pregunté a mi padre y éste, frugal, me dijo que su hermano «tenía un santo Cristo en el cielo de la boca, y la gente que nace con eso muere joven.» Le pregunté por qué. Y agregó: «Porque esa marca permite ver el futuro». No dijo más. Recuerdo que aquella noticia me pareció mágica y, al mismo tiempo, lógica o, mejor dicho, justa. Me decía a mí mismo que eso de poder saber con antelación lo que habrá de suceder era una facultad tan extraordinaria y a la vez tan peligrosa que era más seguro morir que ejercerla en vida. No obstante, creo que hubiera preferido conocerle, tal como seguramente él en una de sus incontables visiones me conoció. Seguramente me hubiera ayudado un poco con la lotería.

22 de octubre de 2011

Tartamudo

Por razones que ahora no vienen al caso, quiso la vida que yo acabara diseñando el logo de la Asociación Iberoamericana de la Tartamudez. Por otras razones que tampoco vienen al caso, llegó a mi buzón electrónico un mensaje que me notificaba que hoy 22 de octubre se celebra el día mundial de la tartamudez. Como suele suceder, en el mensaje había un vínculo que al hacer clic te lleva a algún lugar. Esta vez el clic me llevó a la página de la mentada Asociación. Vi mi logo en la esquina superior, quieto allí haciendo lo que un logo nunca debe hacer: no decir nada. Arrinconamientos semióticos aparte, decidí explorar un poco la página en cuestión, y me detuve en un link curioso que me mostró una lista de gente famosa que fue y que es tartamuda o que, en el mejor de los casos, que tartamudeaba o tartamudea. No detallaré la lista. Solamente me referiré a uno de los personajes cuya inclusión, sinceramente, me desconcertó. Me refiero al patriarca bíblico que escribiera el Génesis y el Éxodo. Sí, me refiero a Moisés. Según The Stuttering Foundation (Fundación de la Tartamudez), Moisés era tartamudo. No dan pruebas que sostengan esa información, pero no pude evitar imaginar a Moisés ante el faraón tratando de convencerle de dejar en libertad al pueblo judío y, agobiado por el tartamudeo, acudir a su hermano Aarón para que hablara por él, y al ver que eso tampoco resultaba, transformar su báculo en sierpe a ver si convencía. No me costó para nada asumir la conjetura de los tartamudos.

Caracoles

Hay en Japón una prefectura llamada Mie. Su territorio, por un lado, es nemoroso y, por el otro, costero. En esas costas, unas mujeres vestidas de blanco y con una estrella pintada en la frente, se lanzan al agua y nadan hasta el fondo para recolectar caracoles y langostas, y lo hacen con las manos desnudas. Esas mujeres, una vez en tierra, cocinan a fuego vivo lo que logran recoger. Si durante la cocción un caracol estalla, dicen que se debe a que nació en luna llena. Este acontecimiento, aparentemente fortuito e insignificante, es considerado por las gentes de allí como un signo de felicidad y de buena suerte. Ya quisiera yo, en estos tiempos de crisis generalizada, que esos caracoles estallaran sin cesar para bien de la humanidad.

16 de octubre de 2011

Dinero

Hoy día la injusticia adopta, por un lado, la forma de déficit dinerario radical, es decir, a casi todos nos falta dinero para vivir dignamente; por el otro, esa injusticia adopta la forma de superávit dinerario radical, es decir, a muy pocas personas les sobra el dinero y, a pesar de ello, no logran sobrellevar su fortuna con dignidad.

7 de octubre de 2011

Confianza

Hace un par de días veía un programa de variedades y entre ellas, para mi sorpresa, incluyeron a un economista. Lo sentaron en el medio del plató y le hicieron preguntas aparentemente ingenuas. Entre una y otra respuesta ligera y jocosa, el economista ofreció una definición de dinero que me resultó haplofrénica. Según él, una moneda no tiene valor alguno si no es capaz de generar en su poseedor la confianza de que vale algo para alguien y que la confianza en ese valor no cambiará de un momento a otro. Es decir, el dinero es dinero porque yo tengo fe en que para el Otro vale lo que para mí vale. Cuando vamos a una tienda y el dependiente nos dice que un pantalón tiene tal o cual precio en monedas, creemos que ese objeto vale las monedas que damos por él, aun cuando sabemos que, en el plano objetual, las monedas no son equivalentes al pantalón, es decir, el pantalón en sí mismo no es la prueba de su valor en moneda; ni éstas ni aquél son funcionalmente intercambiables. Aunque nos ofrezcan todo un discurso sobre la calidad de los materiales que usaron para la fabricación del pantalón, esos materiales siguen la misma lógica del valor que se usa en la compra directa; esto es, creemos que el algodón orgánico (si es el caso) vale en dinero lo que se dice que vale y así sucesivamente. A todas estas, la definición del economista, se me ocurrió en aquel momento, es también un dispositivo de emancipación. La crisis de la que tanto se habla, entre otros factores, se debe a que aun con la confianza que se tiene respecto al valor del dinero, el dinero que existe ahora mismo es insuficiente para que la confianza se mantenga, es decir, el dinero está dejando de ser valioso porque simple y llanamente ni se tiene ni se tiene la esperanza de llegar a tenerlo a mediano plazo. O dicho resumidamente, porque no confío en que el dinero que tengo valga lo mismo para mi vecino. Digo que sirve para emancipar porque si ese proceso de descreimiento se agudiza y se lleva al extremo, un millonario dejaría de ser millonario aun cuando conserve todos sus millones porque ya no se creería que sus millones valgan algo. Acaso, al final, podamos comenzar a tener confianza en el Otro sin la mediación de cientos de papeles sellados. Ojalá llegue el momento en que el jamón vaya directo a la boca sin pasar antes por el bolsillo. Ojalá llegue el momento en que la confianza sea gratuita.

Emolientes

Creo necesario vindicar la imaginación, porque en la entrada anterior la dejé muy mal parada; digo, asociarla de esa manera a la mentira no ha sido precisamente un acierto ni de la razón ni de la sensibilidad. Contradiciendo a Littré, imaginar no siempre significa mentir; así como mentir no siempre pasa por imaginar. Hay mentirosos que carecen de imaginación o que tienen tan poca que dan lástima cuando no risa. Lo cierto es que imaginar, en cambio, es la actividad predilecta de los que nos deleitan con sus obras pictóricas, esculturales, literarias, musicales, etc. Los artistas con sus representaciones e invenciones complementan la realidad que, a veces, es tan dura que precisamos de emolientes imaginarios para poder asimilarla.

Mentira (5)

La etimología de la mentira tiene su qué. En principio, es palabra latina y su raíz es la palabra mens, es decir, la mente o el espíritu o la imaginación porque, según Emile Littré, mentir es imaginar. Y esto de imaginar también tiene su qué. Como ya se sabe, imaginar es como convertir la imagen en un verbo y la imagen es algo que se parece a otro algo porque intenta imitarlo. El status existencial del segundo algo es tangible y tiende a pertenecer al mundo de las materialidades, mientras que el status existencial del primer algo es intangible y tiende a pertenecer al mundo de la inmaterialidad. No es lo mismo un guijarro que su imagen: el primero se puede tener en las manos, la segunda solamente se puede tener en la mente. El problema es que a diferencia de las condiciones ambientales, que suelen preferir la estabilidad o el cambio gradual a largo plazo, la mente es voltaria, cambia a cada momento y está en su naturaleza no poder conservar la forma original de las cosas. En este sentido, y en todo caso, el que miente no hace más que convertir ciertas realidades en contenidos mentales y, en consecuencia, propicia que esas realidades cambien, y que además de dejar de ser lo que eran (si es que acaso fueron) promueve que sean infieles al origen. Esto que digo entre paréntesis hay que tenerlo siempre presente: en el caso de un mentiroso no es posible distinguir un punto de partida, es decir, un origen verdadero, real, de sus imaginaciones aviesas. La mentira de hoy convierte en mentiras las verdades de ayer.