23 de enero de 2012

Doctor

En los años 80 sonó mucho en las emisoras de radio venezolanas un merengue dominicano interpretado por Bonny Cepeda. La canción se llamaba «¡Ay, doctor!». En lugar de resumirla, citaré algunos de sus versos que, en cierto modo, igual resumen la canción: «El doctor me dio tres meses de vida. Un año pasó y viviendo sigo yo. […] Yo que me pensaba gozar mis tres meses, debo hasta la vida más los intereses.» Hace unos días, el diario español ABC publicó una noticia alarmante para algunos, lenitiva para otros: Al actual presidente del gobierno venezolano le quedan no menos de 9 meses de vida. Según el diario, sus fuentes son confiables, así que la noticia se ha difundido rápidamente y los oficialistas venezolanos han tenido que salirle al paso no para mostrar pruebas de lo contrario, sino para desmentirla con lo que Jonathan Potter llama argumento de mobiliario. El vicepresidente del Parlamento venezolano dijo que bastaba con ver al presidente para notar cuán sano está. Cito al dirigente: «Un hombre que está a nueve meses de vida, mira, duró nueve horas y 27 minutos en una alocución y todavía dijo: ‘vamos a seguir’.» Esto, admitámoslo, no es prueba de nada. Acaso los seguidores del presidente saben algo que el resto de los venezolanos no saben o, tal vez, el diagnóstico que secretamente manejan lo dio el doctor de Cepeda y eso les da esperanzas. Veremos.

Palinodia

Henry James decía que la mayoría de los males en la vida provienen de la exageración. Hace poco escuchaba distraídamente una canción de Joan Manuel Serrat y refuté uno de sus versos sin reparar en el resto. Exageré. Hoy, consciente de mi error, busqué la letra completa y la leí lentamente. No me sorprendió estar totalmente de acuerdo con el conjunto porque, la verdad sea dicha, su autor siempre me pareció un hombre sensato, y a mí la sensatez, como la haplofrenia, suele ganarme para sus filas. La canción se llama «Esos locos bajitos».

20 de enero de 2012

Sentido

Curioseando me enteré de la existencia de la pena de sentido. Al principio pensé que se trataba de una especie de castigo semiólógico que se aplica a los que no usan el lenguaje para darse entender, pero la realidad es muy otra. La pena de sentido proviene de la religión católica, y consiste en aplicar a las personas indignas de presentarse ante Dios un suplicio que afecte al espíritu por la vía del cuerpo, específicamente, atormentando alguno de los sentidos. No sé muy bien como serían esas personas indignas de presentarse ante Dios, pero tal vez no sea sorpresa encontrar en la lista (si la hay) a ciertos políticos y a ciertos militares; ah, y sin duda, a los economistas que apertrechados en las agencias de calificación dicen cosas como esta: «Para que todo vaya bien hay que reducir el gasto en educación y en salud.» ¿A quién se le ocurre pensar que el dinero invertido en el bienestar de una sociedad es un gasto?

12 de enero de 2012

Ingenio

El nuevo «Sherlock» de Mark Gatiss y Steven Moffat es realmente estupendo. No es tan vertiginoso ni tan irreverente como el de Guy Ritchie, pero está cargado de ritmo y sobre todo de perspicacia. El Dr. John Watson, interpretado por Martin Freeman (el mismo que hizo tan buena pareja con Mos Def en «The hitchhiker’s guide to the galaxy») es impagable. Lo mismo habría que decir de Benedict Cumberbatch en el papel de Holmes: hace que la arrogancia del genio no le haga daño al estómago y sea considerada como un rasgo necesario y no como un lastre prescindible. En fin, el primer capítulo me ha resultado entretenido y altamente recomendable. Ya veremos si el segundo mantiene el nivel.

4 de enero de 2012

Diezmo

Hace tiempo ya, me enteré de una anécdota necrológica, por cierto muy difundida en la actualidad, cuyo protagonista fue Borges. Era breve y decía más o menos esto: Durante el funeral de su madre, alguien se acercó al escritor lamentándose porque doña Leonor había muerto justo antes de cumplir cien años de edad. Borges, seguramente con esa voz lenta que tenía, le respondió: «Veo, señora, que es usted devota del sistema decimal.» Confieso que no comparto esa devoción. No obstante, me alegra saber que ya no son nueve los seguidores de este blog, sino diez. Bienvenido sea el diezmo.

3 de enero de 2012

Ignorancia

Hace poco estuve hablando con un amigo sobre un asunto del cual sé mas bien poco. Como suele suceder en las conversaciones donde la ignorancia se enfrenta al saber, el ignorante se dedica a ofrecer argumentos refutables mientras el sabio, por sabio, se ahorra las refutaciones.