La amistad es un valor inestimable. Creo que Roberto Carlos debería recibir el premio Nobel de la paz por haber expresado cantando su vivo deseo de tener un millón de amigos. Si su meta fuera para todos un imperativo categórico, el mundo sería un verdadero paraíso.
22 de septiembre de 2011
20 de septiembre de 2011
Lengua
En 1998, Paul Ricoeur dictó la lección inaugural en la Facultad de Teología Protestante de París. En esa oportunidad, le dio por hablar de la traducción, pero antes de entrar en el tema, expuso un punto de partida que me ha hecho decir por dentro «eso es exactamente lo que yo pienso». Citaré el texto:
Partamos, pues, de la pluralidad y de la diversidad de las lenguas, y anotemos un primer hecho: la traducción existe porque los hombres hablan lenguas diferentes. Este hecho es el de la diversidad de las lenguas, por retomar el título de Wilhelm von Humboldt. Ahora bien, este hecho es al mismo tiempo un enigma: ¿por qué no una sola lengua? y, sobre todo, ¿por qué tantas lenguas, cinco o seis mil dicen los etnólogos? Cualquier criterio darwiniano de utilidad y de adaptación en la lucha por la supervivencia se bate aquí en retirada; esta multiplicidad innumerable es no solamente inútil, también perjudicial. En efecto, si el intercambio intracomunitario es asegurado por el poder de integración de cada lengua considerada separadamente, el intercambio exterior de la comunidad lingüística resulta en el límite impracticable por lo que Steiner denomina ‹una prodigalidad nefasta›. [Paul Ricoeur (2008). Lo justo. Madrid: Trotta. pp.101-103]
15 de septiembre de 2011
Polvo
A propósito de una decepción, acabo de escuchar en «Chowder» algo extraordinario, que iba más o menos así: Tengo el corazón partido en mil pedazos y esos pedazos partidos en mil pedazos y así hasta llegar al polvo y todo eso polvo lo tengo encerrado en el pecho. Bravo por C. H. Greenblatt, su creador.
12 de septiembre de 2011
Poco
Nunca como ahora me han hecho sentir que valgo poco o nada. Vivir en el extranjero, específicamente en España, consiste precisamente en eso: en hacerte ver que para alcanzar el status de existente digno, es decir, legal, debes cumplir con una serie de requisitos cuyo cumplimiento supone vérselas con gente que una y otra vez te dice que vales poco o nada, que este país no te quiere y que sólo a regañadientes o por unas razones irrefutables del tipo ‘no queda otro remedio’ aceptará que vivas legalmente en él. Estas formas de exclusión tienen que ver con la ilusión nacionalista basada en el cálculo económico: en este país solamente puede vivir la gente que le da dinero al Estado para que éste le ofrezca servicios de salud. El que no pueda pagarlos debe pagarse unos servicios privados y si tampoco puede hacerlo entonces debe marcharse. Ya me iré.
Dios
Una de las características más terribles y, al mismo tiempo, más atractivas del dios judeocristiano es su tendencia a cometer errores. Sé que afirmar que una entidad de la cual se predica la perfección, la omnisciencia, la omnipotencia, la ubicuidad, la eternidad y demás totalidades, se equivoca puede sonar contradictorio, pero, precisamente, por el hecho de poseer semejantes virtudes la probabilidad de equivocarse aumenta significativamente. Es decir, es más difícil que cometa un error si sólo puede estar en un lugar a la vez, pero si puede estar en todos al mismo tiempo algún fallo ha de ocurrir. Lo mismo pasa con la omnisciencia: el que sabe poco, poco se equivoca, pero el que sabe todo si no en todo en algo puede equivocarse. Finalmente, el que todo lo puede, puede acertar, pero también errar. Si pensamos, por ejemplo, en el ser humano, quien fuera creado a imagen y semejanza de Dios, esto de la equivocación divina cobra fuerza. Los humanos podemos estar y estamos en todas partes y mientras más lugares habitamos más nos equivocamos; mientras más conocimientos acumulamos, más nos cuesta tomar las decisiones adecuadas para mejorar nuestra existencia; y, en general, mientras más poder tenemos, más errores cometemos. Afortunadamente, el Dios falible y su criatura homóloga tienen una posibilidad de salvación: el propósito de enmienda.
10 de septiembre de 2011
Cacique
Según leo en una noticia aparecida en El Nacional, varios representantes de las comunidades indígenas asentadas en Venezuela coronaron al presidente de ese país como «Gran Cacique de los pueblos ancestrales». Al mismo tiempo, rezaron a todos los dioses disponibles para que el Gran Cacique tuviera salud y la conservara. Aparentemente, los rezos llegaron tarde porque ayer mismo el mandatario anunció que ya no estaba enfermo, sino convaleciente y que debían anotarlo en la lista de las personas que le ganaron la batalla al cáncer. Ahora bien, si los rezos llegaron cuando ya no era necesario, creo que también habría que retirarle el título que los chamanes le impusieron al presidente. Digo, ya se hace llamar comandante y ya ha demostrado ser muy afín a ideas mesiánicas. Ser cacique, aparte de tautológico en su caso, me parece además una exageración peligrosa si llega a creerse tal. Para una muestra de los riesgos que representa ser cacique aquí les dejo las tres acepciones que contempla el Diccionario (cualquier parecido con la realidad no sé si es pura coincidencia):
1. m. y f. Señor de vasallos en alguna provincia o pueblo de indios.
2. m. y f. Persona que en una colectividad o grupo ejerce un poder abusivo.
3. m. y f. coloq. Persona que en un pueblo o comarca ejerce excesiva influencia en asuntos políticos.
9 de septiembre de 2011
Ex-conquistadores
Antes, hace apenas poco más de 500 años atrás, los españoles llegaban a un lugar remoto y, sin mediar negociaciones de ningún tipo, decretaban unilateralmente que ese lugar les pertenecía. Así hicieron con dos terceras partes de un continente que luego llamaron América hasta que los criollos descendientes de esos mismos españoles decidieron independizarse. Los aborígenes de aquellas regiones, como ya se sabe, tuvieron todas las de perder y casi estuvieron al borde del exterminio total en nombre de la corona española, que daba financiamiento económico, y de la iglesia católica, que daba financiamiento espiritual a los terribles conquistadores. Pasados esos 5 siglos, España, aparentemente, ha logrado olvidar sus desmanes colonialistas y actúa como si nada hubiera pasado. Incluso, niega férreamente cualquier relación entre los nativos de América y los nativos españoles que pueda favorecer que los primeros se desplacen libremente hacia el territorio de los segundos. Ningún latinoamericano puede venir acá, a la tierra de buena parte de sus antepasados, por propia voluntad a quedarse y hacer una vida. Para hacerlo debe tener unas razones de peso que el propio reino de España ha definido con la sutileza legalista y burocrática propia de los procesos de exclusión. Vivir aquí es cosa que solamente deben hacer los españoles. Ningún Rodríguez nacido en América debe pensar que tiene alguna herencia que reclamar a sus ex-conquistadores.
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