Acabo de leer un texto firmado por Tomás Ibáñez que me ha resultado claro, evidente y ayuno de toda ambigüedad. Para mí es una presentación condensada del anarquismo; no del anarquismo que favorece el caos, sino del anarquismo que piensa posible un mundo sin Estado-nación. Yo suscribo esa idea y considero deseable que nos orientemos hacia una convivencia inclusiva, tolerante de la diversidad y desprendida de todo anhelo de poder. Utopía tal vez, pero, indudablemente, digna de alcanzar.
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